La
ceremonia de inauguración de un Mundial no suele quedarse en la retina de los aficionados y la de Estados Unidos tampoco fue un derroche de creatividad: se presentó a cada país con su baile típico, en el caso de España con cuatro personas bailando sevillanas. Pero la gala sí que dejó un momento para el recuerdo nada más empezar. La presentadora
Oprah Winfrey dio paso a
Diana Ross. La cantante estadounidense entró por un extremo del estadio al ritmo de
“I´m coming out”. Una flecha formada por voluntarios vestidos de blanco le marcaba el camino: tenía que cruzar todo el campo y lanzar un
penalti a un portero que la esperaba entregado en una portería colocada más cerca de lo habitual. Pero, tras amagar varias veces, Ross hizo lo más difícil:
lanzó el balón muy desviado a la derecha del portero. Nadie se había imaginado que alguien pudiera fallar un tiro tan fácil, así que el guión siguió según lo previsto: la portería se partió en dos lo que acentuó la sensación de ´epic fail´. Curiosamente, el Mundial que empezó con un
penalti fallado terminaría con otro error fatídico desde los 11 metros mucho más trascendente: el de
Roberto Baggio en la final contra Brasil.