Disney ha adaptado muchas de sus películas de animación con remakes conocidos como 'live-action', es decir, transforman los dibujos animados en personas de carne y hueso. Cambian la ficción por la realidad para hacer más verídicas sus historias. La primera fue 'El libro de la selva': la aventura continúa en 1994. Desde entonces, ya son doce contando la recién estrenada de 'El Rey Leon'. Y parece que la lista está lejos de terminar, puesto que Disney tiene al menos otras 14 películas preparadas para traer al mundo real su filmografía animada.
Aunque muchas veces se critique que Disney haga tantos 'remakes' achacándoles falta de originalidad y creatividad en sus proyectos, lo cierto es que estas adaptaciones suelen tener bastante éxito. ¿El motivo? La nostalgia y la curiosidad. Por un lado queremos revivir las emociones de la primera vez que vimos esa animación y por otro sentimos intriga por ver el despliegue de efectos especiales. Precisamente, los grandes efectos especiales son los que trasladan la magia de la ficción al 'live-action'. Disney demuestra su dominio de este campo con producciones como 'El libro de la Selva', que se llevó un Óscar en esa categoría.
En algunos casos, la adaptación es capaz de superar a su obra original, como fue el caso de '101 Dálmatas' o el extraordinario caso de 'La Bella y la Bestia', la más taquillera de todas ellas por el momento. Lo que se busca en estas adaptaciones es trasladar las historias fantásticas a nuestro mundo pero también aportar nuevos elementos que renueven la trama. Una adaptación no copia al original, rehace su relato y se amolda al público del momento.
En el caso de 'La Bella y la Bestia' comprobamos cómo Disney, una compañía que procura ser lo más blanca posible para evitar polémicas, se arriesgaba desarrollando a su primer personaje abiertamente homosexual
. Esto, aunque supuso censura en algunos países, fue muy aplaudido por una gran parte del público que deseaba la modernización de la compañía. Ahora, se espera que la protagonista de 'Frozen' rompa aún más con el estereotipo clásico heteropatriarcal de princesa al dotarla de la misma orientación sexual.
Poco a poco, a través de sus películas, Disney va renovando las historias clásicas que en muchos casos traían conceptos muy conservadores. Los personajes se vuelven más reales, no sólo porque los interprete un actor de carne y hueso, sino porque cada vez se parecen más a las personas que componen nuestra sociedad y comparten nuestros problemas.